La Real Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno inauguró el nuevo ciclo litúrgico de 2026 el pasado sábado 3 de enero, con la solemne celebración de la Festividad del Dulce Nombre de Jesús. Esta efeméride, que cala profundamente en el corazón de nuestra corporación, conmemora una tradición establecida universalmente por el Papa Inocencio VI en 1721, consolidando en nuestra región una herencia de fe que se extiende ya por cuatro siglos de historia.
El epicentro de la jornada fue la Solemne Eucaristía, celebrada en el altar mayor de nuestro templo bajo un clima de absoluto recogimiento. La eucaristía estuvo oficiada por nuestro Director Espiritual, el Rvdo. Padre D. Andrés Merino Mateo, quien contó con la asistencia litúrgica del seminarista D. Guillermo Pérez Del Pino. Juntos condujeron una liturgia que destacó por su pulcritud y por la calidez de su mensaje espiritual, orientado a guiar a la Hermandad en este inicio de año, bajo el Dulce Nombre de Jesús.




Este año, y atendiendo a las particulares circunstancias que ha atravesado nuestro municipio durante el periodo navideño, la Junta de Gobierno consideró oportuno dotar al acto de un carácter más sobrio y centrado estrictamente en la oración. Por este motivo, se prescindió de la participación del quinteto de clarinetes de nuestra Banda de Música de Nuestro Padre Jesús Nazareno, que tradicionalmente ponía notas musicales a la cita. En su lugar, el protagonismo recayó plenamente en la palabra y en la participación activa de los hermanos de la Hermandad, quienes dieron voz a las lecturas y peticiones de la celebración.




En la zona lateral derecha del presbiterio, la Sagrada Imagen del Dulce Nombre de Jesús centraba todas las miradas, elegantemente dispuesta bajo un dosel de palio burdeos que realzaba su divina presencia. El conjunto iconográfico se completaba con el Portal de Belén situado frente al altar y el Estandarte Mayor de la Hermandad a la izquierda. Todo el espacio fue embellecido con un exorno floral exquisito, compuesto por flores rojas entrelazadas con rosas blancas y matices plateados.




Al concluir la Santa Misa, se produjo el beso al Niño Dios, los asistentes se acercaron de manera ordenada para rendir pleitesía a la Sagrada Imagen, que era sostenida por nuestro Director Espiritual.
Con la celebración del Dulce Nombre, no solo honramos nuestra historia, sino que reafirmamos los lazos de fraternidad y el amor incondicional hacia Nuestro Padre Jesús Nazareno, renovando nuestro compromiso cristiano para el año que comienza.




