Celebrado el LXXXV Aniversario de la Bendición de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

Comparte en las redes

30 Abr, 2026

Hay fechas que no se limitan a recordarse, se vuelven a vivir. El 28 de abril es, sin duda, una de ellas para nuestra Real Hermandad, una fecha que cada año despierta la memoria de sus hermanos y hermanas y que, en esta ocasión, ha brillado con una intensidad especial al cumplirse el LXXXV aniversario de la llegada y bendición de Nuestro Padre Jesús Nazareno a Alhaurín el Grande.

Desde el recogimiento de la Ermita de San Sebastián, el paso de las horas fue tejiendo un ambiente de devoción serena. Allí, en su camarín, nuestro nazareno se presentaba arropado por un exquisito conjunto floral en tonos rosados, convirtiéndolo en el centro de todas las miradas.

A lo largo del día, fueron muchos los que se acercaron a rendirle visita. Vecinos, hermanos y devotos que, sin necesidad de grandes gestos, encontraron en su presencia un espacio de encuentro personal. Porque si algo define esta efeméride, es precisamente eso, la capacidad de conectar pasado y presente en un mismo latido.

La tarde trajo consigo la tradicional visita al monolito que perpetúa el recuerdo de aquel 1941, la Hermandad volvió a reunirse para repetir un gesto que ya es tradición, la ofrenda floral. Un acto sencillo en su forma, pero cargado de significado, en el que la Junta de Gobierno y numerosos hermanos depositaron no solo flores, sino memoria y gratitud.

Tomó entonces la palabra el Hermano Mayor, Miguel Ángel Serrano Gómez, en una intervención marcada por el recuerdo a quienes sostuvieron la Hermandad en otros tiempos. Sus palabras, lejos de lo protocolario, tuvieron un tono cercano, casi íntimo, que desembocó en el rezo compartido del Padre Nuestro. Y como si la emoción necesitara un lenguaje distinto, la música tomó el relevo, nuestro himno “Nuestro Padre Jesús” y el Himno Nacional envolvieron el ambiente en una solemnidad difícil de describir, de la mano de nuestra Banda de Música.

La tarde se abrió paso con la celebración de la Eucaristía, de la mano de nuestro hermano, el Rvdo. Padre Manuel Jesús Otero Plaza, que presidió la celebración, dejando una homilía que no pasó desapercibida, especialmente por la forma en la que supo poner palabras a la devoción que tantos llevan dentro.

La participación de antiguos Hermanos Mayores, junto al actual, reforzó ese carácter de continuidad que define a la Hermandad. A ello se sumó el coro, dirigido por nuestro hermano, D. Iván Zea Vega, cuyas interpretaciones, cargadas de sensibilidad, lograron transmitir los sentimientos a nuestro titular.

Así transcurrió una jornada que no buscó grandes estridencias, porque no las necesitaba. Bastó la fe, la memoria y la presencia de Nuestro Padre Jesús Nazareno para recordar que hay cosas que no cambian con el tiempo, solo se hacen más profundas.

Artículos relacionados