El sol de la mañana no quiso perderse la cita y se presentó en un cielo azul inmaculado, sin rastro de nubes, anunciando que sería un día para el recuerdo. Desde muy temprano, el ambiente en el pueblo era de una expectación contenida. Al abrirse las puertas de la Ermita, la luz inundó el rostro de Padre Jesús, que, bajo su advocación de Cautivo, aguardaba entronizado. Su piel morena contrastaba con el morado intenso de su túnica, y en la quietud del templo, sus manos atadas parecían hablar de una paz y una humildad que conmovían a todo el que se acercaba a mirarlo. El Jueves Santo ya estaba aquí, y el pueblo de Alhaurín el Grande sabía que el Nazareno debía iniciar pronto su caminar. Pero para contemplar a Nuestro Titular aún había que esperar.
Al mediodía, el foco de la devoción se desplazó hacia la Parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación. A las 12:00 horas, bajo una atmósfera de recogimiento, dio comienzo la Santa Misa de la Cena del Señor. La liturgia fue oficiada por el Director Espiritual, D. Andrés Merino Mateo, y contó con una representación institucional de nuestra Real Hermandad, el Hermano Mayor, los miembros de la Junta de Gobierno y numerosos fieles se unieron en oración para recordar el mandato de Fe.




Una vez concluida, el flujo de devotos regresó a la Ermita de San Sebastián. Allí, la imagen de Jesús sobre su trono era un espectáculo para los sentidos. Este año, el Nazareno lucía la emblemática túnica de cola, una pieza de orfebrería textil bordada por las monjas Trinitarias de Málaga en el lejano 1948. Sobre su pecho, destacaba un broche de cíngulo con la insignia que lleva su nombre. A sus pies, un denso manto de flores rojas se extendía como una alfombra viva, realzando la majestuosidad de la imagen antes de su salida a la calle.
Con la llegada del atardecer, el protocolo y la emoción se dieron la mano en la entrada de la Ermita. A las 21:15 horas, nuestra hermana Dña. Paloma Manzanares Rueda tomó la palabra para dar una calurosa bienvenida a la Policía Nacional. Esta relación, que se remonta al año 2017, se ha convertido en un pilar fundamental para la Real Hermandad. Contar con la presencia de este cuerpo, cuya historia se remonta a los tiempos de Fernando VII, es un privilegio que los hermanos de Jesús valoran profundamente.




Durante el acto oficial, se realizó un emotivo reconocimiento a los distintos integrantes del cuerpo allí presentes, encabezados por el Comisario D. Juan Ignacio Rico Yañez. Inspectores, oficiales y agentes en prácticas recibieron de manos del Hermano Mayor la medalla de la hermandad, sellando un año más un compromiso de protección y respeto mutuo que se hace visible durante cada estación de penitencia.
Mientras tanto, la Plaza Nueva presentaba un lleno absoluto. El silencio se hizo cuando comenzó la «Representación en Vivo» de la Pasión. Fue el momento en que meses de ensayos, montaje de escenarios y esfuerzo de muchos jóvenes dieron sus frutos. La escenificación nos trasladó al Jerusalén de hace dos mil años, el sonido del cerrojo de la Casa Hermandad marcó el inicio de la representación, dando paso a escenas de gran fuerza visual y narrativa.




El público pudo asistir al juicio de Jesús ante el Sanedrín, las amargas negaciones de San Pedro y el tenso interrogatorio ante Pilato. Como novedad, este año se estrenaron diálogos y se incorporaron nuevas caras al elenco, lo que aportó frescura después de años. Además de nuevas escenas que fueron brillantemente ejecutadas bajo nuevas apuestas de iluminación, focos y elementos de un minucioso cuidado para que el estreno fuese lo más brillante posible, a la altura de lo que merece nuestra Real Hermandad. El desprecio de Herodes puso el punto final a una actuación que fue recompensada con una cerrada ovación por parte de los asistentes, quienes supieron apreciar el amor y la devoción que los jóvenes actores pusieron en cada gesto.
El culmen del Jueves Santo llegó con el sonar de las cornetas y el repique de los tambores. La Banda de Cornetas y Tambores con Escuadra de Gastadores y Guiones de la Hermandad, conocidos popularmente como los «Boinas Negras», ya ocupaba su posición. Tras la tradicional petición de venia este año concedido por Nuestro Hermano Mayor al Comisario D. Juan Ignacio Rico Yañez, la Cruz Guía cruzó el umbral de la Ermita, señalando que el desfile procesional había comenzado.




El Nazareno, imponente en su trono, avanzó por las calles de Alhaurín al compás de las melodías interpretadas por la Banda de Música de nuestra Real Hermandad. El cortejo era una muestra de la vitalidad de la hermandad, nazarenos, acólitos, mujeres de mantilla y los jóvenes de las representaciones formaban una hilera de fe que recorrió los rincones del pueblo. Escoltado siempre por la Policía Nacional, el Cautivo repartió bendiciones en una noche donde Alhaurín volvió a demostrar que su corazón late al ritmo de su Padre Jesús.
Con el encierro del trono y el silencio volviendo poco a poco a las calles, se dio por concluida una víspera que sirve de puente hacia el recogimiento del Viernes Santo.
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